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jueves, 1 de octubre de 2015

¡Y dale con el bachaquerismo!


La problemática del "bachaquerismo" (termino que gramaticalmente no está registrado en la Real Academia de la Lengua Española y por tanto no es oficial, pero se le acuña al caso venezolano), no se va a resolver ni con pañitos rojos, ni con pañitos de agua tibia. ¡No, señoras y señores!

Tristemente, se trata de una de las tantas variables intervinientes en el contexto de las temáticas de la economía social; y ya, a los bachaqueros y bachaqueras no los detiene nadie, a menos que desde el Poder Ejecutivo, Legislativo, Judicial y Moral, se pongan los pantalones y dictaminen una Ley que norme sobre la materia, pero privando a las personas de esa práctica que se ha hecho tan habitual en nuestros días.

Sé que las personas "con vista de sapo", le atribuirán la práctica del bachaquerismo a Chávez, Maduro, Cabello y afines, quizás por las inadecuadas políticas económicas -el estatismo- o tal vez, para descargar el odio contra el sistema de gobierno que actualmente está instaurado en el mapa venezolano.

Pero las personas "con vista de águila", se darán cuenta que se trata de un problema estructural, que data desde hace muchos años (no precisaré desde cuando, para no culpabilizar a ningún presidente de Venezuela, desde Simón Bolívar hasta Nicolás Maduro).

Para mí, no es más que un problema derivado de los antivalores, por la falta de ética, de moral, por la burocracia, la corrupción y la avaricia, más las ansias de riquezas (y muchos cánceres generados por la miseria humana) de muchísimas personas; aunque insisto, casi que con vehemencia, pues que no faltara quien diga que ¡es culpa de CAP! o que ¡es culpa de Chávez"...o similares.

No obstante, para mí es un asunto de hogar y padres, representantes o responsables, de escuelas, liceos, universidades y docentes, de país, de sociedad y ciudadanos. Desafortunadamente, el epicentro de la problemática es la "familia" o mejor dicho "la disfuncionabilidad de las famiias" ocupadas en prácticas materiales y distantes de las espirituales, éticas y morales.

¡¡¡Y víctimas, somos todos!!!

He dicho...

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